martes, 15 de abril de 2014

Relación Pastor e Iglesia  Parte I


Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos”. Mateo 9:37

¿En qué parte de la mies quiere Dios que yo le sirva? Si la necesidad es tan grande y amplia ¿Cómo sabré donde ubicarme? ¿Acaso prefiere Dios que yo le sirva en una iglesia más que en otra?

Yo sinceramente creo que a Dios le es indistinto donde le sirva, siempre y cuando esté trabajando en su Reino según sus principiosSu Voluntad es que cumpla con el ministerio al que me ha llamado.

Siempre he querido escribir sobre este tema tan complejo,  digo complejo ya que yo mismo en mi larga vida cristiana he escuchado múltiples posiciones al respecto. Desde adolescente me inquieto entender porque los pastores dejan una iglesia y van a otra, y en la mayoría de los casos la respuesta que recibí fue “Porque Dios le llamo a otra parte”.  Es importante resaltar que casi siempre esa otra parte incluía mejores oportunidades y crecimiento.

Confieso que esas palabras sirvieron por algunos años para calmar mis angustias, pero luego algo no me cuadraba. Quizás a usted le parece que decir que el tema me causaba angustias es exagerado, pero realmente era así, mi padre es pastor y ha estado en la misma iglesia desde hace más de 26 años y en más de una ocasión yo anhelaba que el recibiera el “llamado de Dios” a otra parte, pero nunca llego. Yo quería algo mejor para mi vida y mi familia. La relación de mi papá con la iglesia que pastorea todavía, me reflejaba un nivel de compromiso, sinergia y acoplamiento que las preguntas brincaban a mi mente. ¿Será que Dios tiene preso a mi papá en esta iglesia? Si Dios es quien pone a cada pastor en cada iglesia local o congregación ¿porque hay tantas iglesias sin pastor? ¿Será que Dios no está haciendo su trabajo? O peor aún ¿Por qué Dios les quitaba su pastor a una congregación y se los mandaba a otra? ¿Tiene Dios preferidos, iglesias a las que quiere ayudar y otras a las que les desea la falta de su líder? ¿Qué mal hizo mi padre para tener que soportar tantas cosas en su contra sin poder salir de allí?

La Biblia enseña claramente que Dios estableció la iglesia como su cuerpo, Efesios 1:22-23 dice, “Y sometió todas las cosas bajo Sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es Su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.” Así mismo dice que estableció a los pastores en cada iglesia “a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” Efesios 4:12, entonces la falta de pastores o la alta tasa de movilización de los mismos no puede depender de Dios, algo ocurre a nivel humano que durante años se ha ocultado con la súper espiritual frase: “Me voy por la voluntad de Dios” o “Dios me ha llamado a otra parte”.  Todo fue más confuso para cuando recibí el llamado de Dios para servirle como pastor, luego de aceptar el reto divino me senté a esperar la tan anhelada epifanía* con la cual Dios me diría a que iglesia o congregación debería ir, el resultado es que hasta el sol de hoy 19 años después sigo sin recibirla.  Por favor, no me malinterpreten, ya estoy cerca de llegar a 20 años de ministerio pastoral, lo que refiero es que desde el primer día observe que escoger una iglesia para servir y el ser escogido como líder espiritual o pastor era un asunto mucho más administrativo  de lo que imagine.

Desde mis días de seminarista mi primer reto al llegar a la casa de estudio teológico fue “conseguir” una iglesia que me apoyara mientras estudiaba y me permitiera servir en medio de ella para iniciar mi aprendizaje práctico y relacionarlo con lo aprendido en las aulas con los teólogos.  Se habrán fijado que resalte la palabra “conseguir”, y es que esa fue la expresión que desato mi asombro, no tenía sólo que orar, era necesario ir a las iglesias, examinar detalles como distancia geográfica, posibilidades de servicio, horas exigidas de trabajo, afinidad con los líderes de la congregación, contrastar mis necesidades económicas con los recursos de ellos, entre otros; para luego “Escoger” la opción más idónea.  Forme parte de procesos de negociación, de oferta y demanda ministerial durante mis años de seminarista y también fui testigo al observar la vida de mis compañeros de que eso era lo normal.  Fue la primera vez que me di cuenta que detrás de la tan nombrada “Voluntad de Dios”, había un proceso creado por el mismo Señor donde el razonamiento, la comprensión, las relaciones personales, el compromiso, las visiones y objetivos compartidos unían a los pastores con las iglesias. 

Confieso que primero me sentí culpable, poco espiritual y hasta llegue a pensar que era todo un carnal al creer que lo que me movía a decidir donde servir no era la epifanía de mis sueños mozos. Es que en mi país Venezuela se tenía, y quizás aún existe, una mala concepción del trabajo pastoral, ya que cuando llego el evangelio los misioneros foráneos eran sostenidos económicamente por sus agencias misioneras internacionales y  las iglesias tenían ninguna o poca responsabilidad con ellos, más bien eran estos misioneros quienes proveían los bienes y recursos en muchas de las obras nuevas e iglesias.  Eso fue bueno mientras duro, pero al salir los misioneros de las iglesias formadas para ir a abrir nuevas obras, las iglesias en su mayoría no tenían la costumbre de sostener a sus pastores locales y peor aún ahora eran estos quienes debían educar sobre eso a las congregaciones. Por eso muchas iglesias veían a sus pastores como meros empleados y concebían que el llamado de Dios como si fuera un llamado casi al martirio, al hambre y al excesivo trabajo, cualquier pastor que hablara de su sustento o exigiera mejoras era casi un hereje, el buen pastor nunca se quejaba, la humildad era medida por la conformidad con la pobreza.  No se podían tener sueños de superación o anhelar algo más. Creo que por eso cuando se buscaba alguna mejora familiar la única respuesta públicamente aceptada para salir de una iglesia era culpar a Dios. "Dios me llama a otra parte".

*Epifanía: Es una manifestación sobrenatural de la Divinidad. 

Continuará.....

miércoles, 9 de abril de 2014

10 COSAS QUE DEBES DEJAR DE HACER CUANDO YA ERES MADURO EMOCIONALMENTE

“Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño”. 1 Corintios 13:11

Vivimos en un mundo regido por principios y valores que son producto del razonamiento lógico de la humanidad, de alguna forma se han establecido criterios para la evaluación de las cosas y así proceder a su aceptación o rechazo.   Desde que el ser humano peco, tiene la capacidad, o mejor aún,  la responsabilidad de discernir entre lo bueno y lo malo, pero la evidencia ha demostrado que por más que se esfuerza, sigue sin dominar esta atribución.  Somos incapaces de identificar las cosas malas dentro de nuestra propia vida, por lo que las aceptamos y nunca las eliminamos  y detenemos así el crecimiento.  El evangelio de Lucas nos narra como el niño Jesús crecía y alcanzaba madurez física, emocional/psicológica y espiritual a medida que pasaban los años, definitivamente el Señor es un ejemplo a seguir para cada uno de nosotros aun desde su infancia.

“Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres”. Lucas 5:52

La madurez física o biológica es la única que se alcanza sin mayor esfuerzo, pero para tener madurez emocional y psicológica se debe desarrollar un pensamiento y una conducta que indiscutiblemente te alejan de cualquier tipo de actitud que se pueda definir como infantil. Desde hace unos días atrás vengo pensando en aquellas cosas que debemos dejar atrás a medida que crecemos y maduramos, fue entonces cuando decidí escribir esta lista para que reflexionemos juntos. 

1.        Culpar a otros por tus actos, justificando así el mal proceder. “Pues cada uno es responsable de su propia conducta”. Gálatas 6:5

2.       Ser irresponsables con los compromisos adquiridos. “…Y todo lo que hagáis, hacedlo de ánimo, como al Señor, y no a los hombres…” Colosenses 3:23

3.       Gastar el dinero que aún no has ganado. “No debáis a nadie nada…” Romanos 13:8

4.      Necesitar que alguien te obligue a buscar de Dios. “Buscad al SEÑOR mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cerca”. Isaías 55:6

5.       Vivir sólo pensando en tu bienestar sin considerar a otros. “El egoísta busca su propio bien; contra todo sano juicio se rebela”. Proverbios 18:1

6.      Usar la mentira como herramienta diaria en tus relaciones interpersonales. “Los labios mentirosos son abominación al SEÑOR, pero los que obran fielmente son su deleite”. Proverbios 12:22

7.       Criticar y juzgar a otros a la ligera. ¿Quién eres tú para que juzgues a otro? Santiago 4:12

8.      Portarte bien sólo cuando alguien te vigila. “Los ojos de Jehová están en todo lugar,
Mirando a los malos y a los buenos”. Proverbios 15:3

9.      Dejarse llevar sólo por impulsos sin meditar las consecuencias. “Si ustedes viven de acuerdo a esos deseos, morirán para siempre; pero si por medio del Espíritu Santo ponen fin a esos malos deseos, tendrán vida eterna”. Romanos 8:13

10.    Valorarte a ti mismo por los logros alcanzados o por los bienes materiales adquiridos. “Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra”. Salmo 8:4-5


Debemos decidir si queremos  continuar en estado de inmadurez o avanzar; Dios estableció todo lo necesario para que avancemos, nos ha dado su palabra, nos ha acompañado de líderes y pastores, nos ha dado libre acceso a su presencia; por eso asegurémonos en este tiempo de anhelar avanzar  y crecer.

martes, 8 de abril de 2014


"La verdad es que no entiendo nada de lo que hago, pues en vez de hacer lo bueno que quiero hacer, hago lo malo que no quiero hacer". Romanos 7:15

¿Te ha ocurrido alguna vez que el temperamento te jugó una mala pasada? ¿Dijiste una palabra vulgar por el calor de la situación? ¿Un gesto de desagrado que la otra persona interpretó como desprecio o humillación?  ¿Un arranque de ira que echó a perder el momento? ¿Una discusión por una insignificancia?

Si te ocurrió algo parecido, nos identificamos en un hecho: todos libramos una dura batalla con la vieja naturaleza, que amenaza con tirar por la borda el testimonio que debemos guardar. Una de las cosas preciosas de un cristiano es el testimonio personal, habla mucho del carácter de esa persona, de quien realmente es. El testimonio no es sólo para agradar a Dios, sino también para ser de ejemplo a los incrédulos, no solo tiene que ver con lo interior del corazón, lo cual solo Dios conoce, sino también con lo exterior que las personas ven.

Se dice que el desarrollo del carácter es la obra más importante que jamás haya sido confiada a los seres humanos. Pablo en este versículo reconoce que la lucha contra la carne o la vieja naturaleza es algo duro y constante. Por esa razón Dios nos ha dado el recurso necesario para enfrentarla.

Dios nos ha dado al Espíritu Santo, su presencia nos ayuda  para ser victoriosos sobre la carne. En Gálatas 5:16-25, Dios hace un contraste entre las acciones de la carne y el fruto del Espíritu. somos llamados a caminar en el Espíritu. Esto significa que deberíamos llevar a la práctica lo que el Espíritu Santo nos induce a hacer en nuestras vidas, en lugar de seguir los deseos de la carne.

La verdadera vida espiritual no se limita a orar, leer la Biblia, cantar, asistir a la iglesia y trabajar arduamente. Ésta consiste en la presencia del Espíritu ejerciendo un control, que desplaza y vence al pecado, para que se manifiesten las cosas que son agradables a Dios.

La vida en el Espíritu no es un uniforme para ocasiones especiales; no son experiencias intermitentes, estados circunstanciales o esporádicos. Ocuparse de lo espiritual o vida espiritual es la expresión genuina de la vida cristiana.

El gran misionero Juan Wesley manifestaba que el vivir en el Espíritu es vivir una vida en santidad, tanto personal como social. Hoy necesitamos dar testimonio de esta nueva realidad social y espiritual a un mundo que vive según sus propios principios y valores y no de acuerdo a la palabra de Dios. De ahí que es necesario vivir nuestra fe en medio de tiempos turbulentos.

Amados, si tienes la voluntad para vivir una vida llena del Espíritu Santo, Dios se manifestara en ti y lo permitirá. Él te ayudará y te bendecirá. Pero recuerda que así como con Pablo, la carne nunca dejara de insistir, no te desanimes, la perseverancia y no la perfección es lo que busca el Señor.