QUIERO VIVIR EN LA VOLUNTAD DE DIOS
La palabra “voluntad” tiene tres significados básicos, que se aplican tanto a Dios como a los seres humanos.
1.-Voluntad: la capacidad y el poder de elegir. Dios nos creó con la capacidad de tomar decisiones, lo que constituye una parte importante de haber sido formados “a imagen de Dios.”
2.- Voluntad: el deseo de realizar algo o de alcanzar un objetivo.
3.- Voluntad: propósito firme, determinación o plan.
En la Biblia encontramos algunas referencias claras a cual
es la Voluntad de Dios: La Voluntad de Dios es que el mundo sea Salvo, que
no contristemos al Espíritu Santo en nosotros, Dios quiere nuestra Santificación,
Que amemos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, y
que guardemos sus estatutos en nuestro corazón.
La vida cristiana esta llena
de luchas y de situaciones difíciles tratando de adaptarnos al proceso de vivir
bajo la Voluntad de Dios. De alguna manera durante años se ha buscado
aliviar la carga de nuestra responsabilidad en ese proceso, queremos que sea
Dios quien obre en nosotros de forma sobrenatural y tome nuestras
decisiones. Pero la verdad es que Dios espera que participemos
activamente en los cambios y decisiones que nos llevaran a vivir según su
Voluntad. Somos responsables de nuestros actos, sin embargo, en lo profundo de
nuestro corazón al momento de actuar para tomar una decisión trascendental que
cambiará el rumbo de nuestra vida deseamos en ocasiones, que sea otra persona
la responsable de dicha acción por temor a equivocarnos y cargar con la
responsabilidad o consecuencia.
No debemos esperar una
respuesta sobrenatural del Señor cuando le pedimos que nos revele su voluntad.
Es más lógico, y más bíblico, ejercitar las facultades intelectuales que él nos
ha dado para discernir lo mejor a la luz de su Palabra. La enseñanza de la
Escritura es suficientemente clara y nos indica si debemos o no tomar la
decisión que nos planteamos. A veces puede suceder que no hallemos un texto
suficientemente claro para decidir la resolución que debemos tomar. Sin
embargo, la enseñanza global de la Escritura y el espíritu de la misma siempre
contienen luz que nos ayuda a tomar nuestras decisiones. El Espíritu Santo
ilumina nuestro entendimiento para discernir como los principios bíblicos deben
ser aplicados.
La Palabra de Dios nos invita a que confiemos en Él a través
de consultarlo al momento de tomar nuestras decisiones. Sin embargo, es
sorprendente el ver cuan rápido nos olvidamos de Dios, y terminamos
excluyéndolo de este proceso. Nuestra naturaleza rebelde siempre nos impulsa a
ser independientes, es natural poner primero a Dios en los asuntos
"espirituales", pero somos propensos a creer que es inadecuado e
innecesario hacerlo con los asuntos cotidianos de nuestra vida.
"Toma en cuenta a Dios en todas tus acciones, y él te
ayudará en todo." Proverbios 3:6
El proverbio nos llama a tomar
en cuenta a Dios en "todas" las decisiones. Debemos consultar a Dios
todo y debemos aprender a esperar y aceptar su voluntad. Con los años he
aprendido, y sigo aprendiendo, que cuando no tengo paz frente a una situación
no me muevo y estoy aprendiendo a hacer silencio ante la presencia de Dios para
poder escuchar su voz y así tomar decisiones correctas. No tener paz
frente a un situación es algo bastante subjetivo, pero importante para
reflexionar, me refiero al hecho de que la "paz" a la que refiere esa
frase puede ser algo bien humano como las dudas, el temor, o la incertidumbre
producto de la falta de información. Pero también esa falta de "paz"
puede ser el llamado de reflexión y alerta de parte del Espíritu Santo. Cuando
acudimos a Dios en oración y meditamos bien cada cosa, podremos identificar de
donde viene la falta de paz.
Nuestras emociones y el
razonamiento no nos ayudan a practicar la fe. Estar seguros de la
voluntad de Dios en cada situación amerita un conocimiento adecuado de su
Palabra, cuando es así sentimos inmediatamente que Dios nos guía y nos muestra
el camino que debemos tomar y cuando eso no ocurre; debemos siempre buscar su
dirección y pedir ayuda, porque algo estamos haciendo mal. El problema
viene cuando nuestras emociones se alteran y comenzamos a razonar
humanamente y en vez de ver con los ojos de la fe, vemos con nuestra propia
mirada y las decisiones responden a los impulsos y no a la voluntad de
Dios. Cuando la voluntad de Dios llega clara a nuestro conocimiento, todo
intento de sustituirla por criterios humanos aparentemente más acertados es
insensatez y rebeldía cuyas consecuencias habremos de deplorar el resto de
nuestros días. No niego que Dios en su soberanía hable con alguien y
le haga saber su instrucción, pero eso no es lo que debemos esperar en
cada ocasión.
Hay cinco claves para conocer la voluntad de Dios en una
situación dada (1) Asegurarse que lo que está pidiendo o considerando hacer, no
sea algo que la Biblia lo prohíbe. (2) Asegurarse que lo que está pidiendo o
considerando hacer, va a glorificar a Dios, y va a ayudarlo a usted a crecer espiritualmente.
(3) Asegurarse de que lo que decide esta acorde al llamado particular que Dios
le ha hecho para servirle, y que sea consono a los dones y talentos que le ha
dado. (4) Asegurarse de que el camino que usted escoge no atenta contra la
santidad que Dios demanda de su vida. (5) Asegurarse que al realizar el plan
escogido usted estara contribuyendo con la extensión del Reino de Dios.
Desde mi entendimiento de Dios
y las verdades bíblicas no hay forma de estar fuera de la Voluntad de Dios si
seguimos estos parámetros. Dios quiere que descubramos cuál es su
voluntad para nosotros estudiando la Biblia y usando nuestra capacidad de
razonar (Romanos 12:1-2; Efesios 5:17). Dios nos ha confiado vida,
talentos, oportunidades y opciones para la acción. Nos provee orientación y se
alegra cuando tomamos buenas decisiones.
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