viernes, 18 de abril de 2014


QUIERO VIVIR EN LA  VOLUNTAD DE DIOS



 "El mundo y sus deseos pasan; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre." 1 Juan 2:17

La palabra “voluntad” tiene tres significados básicos, que se aplican tanto a Dios como a los seres humanos.

1.-Voluntad: la capacidad y el poder de elegir. Dios nos creó con la capacidad de tomar decisiones, lo que constituye una parte importante de haber sido formados “a imagen de Dios.”

2.- Voluntad: el deseo de realizar algo o de alcanzar un objetivo.

3.- Voluntad: propósito firme, determinación o plan.

En la Biblia encontramos algunas referencias claras a cual es la Voluntad de Dios: La Voluntad de Dios es que el mundo sea Salvo, que no contristemos al Espíritu Santo en nosotros, Dios quiere nuestra Santificación, Que amemos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, y que guardemos sus estatutos en nuestro corazón.

La vida cristiana esta llena de luchas y de situaciones difíciles tratando de adaptarnos al proceso de vivir bajo la Voluntad de Dios.  De alguna manera durante años se ha buscado aliviar la carga de nuestra responsabilidad en ese proceso, queremos que sea Dios quien obre en nosotros de forma sobrenatural y tome nuestras decisiones.  Pero la verdad es que Dios espera que participemos activamente en los cambios y decisiones que nos llevaran a vivir según su Voluntad. Somos responsables de nuestros actos, sin embargo, en lo profundo de nuestro corazón al momento de actuar para tomar una decisión trascendental que cambiará el rumbo de nuestra vida deseamos en ocasiones, que sea otra persona la responsable de dicha acción por temor a equivocarnos y cargar con la responsabilidad o consecuencia.

No debemos esperar una respuesta sobrenatural del Señor cuando le pedimos que nos revele su voluntad. Es más lógico, y más bíblico, ejercitar las facultades intelectuales que él nos ha dado para discernir lo mejor a la luz de su Palabra. La enseñanza de la Escritura es suficientemente clara y nos indica si debemos o no tomar la decisión que nos planteamos. A veces puede suceder que no hallemos un texto suficientemente claro para decidir la resolución que debemos tomar. Sin embargo, la enseñanza global de la Escritura y el espíritu de la misma siempre contienen luz que nos ayuda a tomar nuestras decisiones. El Espíritu Santo ilumina nuestro entendimiento para discernir como los principios bíblicos deben ser aplicados.

La Palabra de Dios nos invita a que confiemos en Él a través de consultarlo al momento de tomar nuestras decisiones. Sin embargo, es sorprendente el ver cuan rápido nos olvidamos de Dios, y terminamos excluyéndolo de este proceso. Nuestra naturaleza rebelde siempre nos impulsa a ser independientes, es natural poner primero a Dios en los asuntos "espirituales", pero somos propensos a creer que es inadecuado e innecesario hacerlo con los asuntos cotidianos de nuestra vida. 


"Toma en cuenta a Dios en todas tus acciones, y él te ayudará en todo." Proverbios 3:6

El proverbio nos llama a tomar en cuenta a Dios en "todas" las decisiones. Debemos consultar a Dios todo y debemos aprender a esperar y aceptar su voluntad. Con los años he aprendido, y sigo aprendiendo, que cuando no tengo paz frente a una situación no me muevo y estoy aprendiendo a hacer silencio ante la presencia de Dios para poder escuchar su voz y así tomar decisiones correctas.  No tener paz frente a un situación es algo bastante subjetivo, pero importante para reflexionar, me refiero al hecho de que la "paz" a la que refiere esa frase puede ser algo bien humano como las dudas, el temor, o la incertidumbre producto de la falta de información. Pero también esa falta de "paz" puede ser el llamado de reflexión y alerta de parte del Espíritu Santo. Cuando acudimos a Dios en oración y meditamos bien cada cosa, podremos identificar de donde viene la falta de paz.

Nuestras emociones y el razonamiento no nos ayudan a practicar la fe.  Estar seguros de la voluntad de Dios en cada situación amerita un conocimiento adecuado de su Palabra, cuando es así sentimos inmediatamente que Dios nos guía y nos muestra el camino que debemos tomar y cuando eso no ocurre; debemos siempre buscar su dirección y pedir ayuda, porque algo estamos haciendo mal. El problema viene  cuando nuestras emociones se alteran y comenzamos a razonar humanamente y en vez de ver con los ojos de la fe, vemos con nuestra propia mirada y las decisiones responden a los impulsos y no a la voluntad de Dios. Cuando la voluntad de Dios llega clara a nuestro conocimiento, todo intento de sustituirla por criterios humanos aparentemente más acertados es insensatez y rebeldía cuyas consecuencias habremos de deplorar el resto de nuestros días. No niego que Dios en su soberanía hable con alguien y le haga saber su instrucción, pero eso no es lo que debemos esperar en cada ocasión. 

Hay cinco claves para conocer la voluntad de Dios en una situación dada (1) Asegurarse que lo que está pidiendo o considerando hacer, no sea algo que la Biblia lo prohíbe. (2) Asegurarse que lo que está pidiendo o considerando hacer, va a glorificar a Dios, y va a ayudarlo a usted a crecer espiritualmente. (3) Asegurarse de que lo que decide esta acorde al llamado particular que Dios le ha hecho para servirle, y que sea consono a los dones y talentos que le ha dado. (4) Asegurarse de que el camino que usted escoge no atenta contra la santidad que Dios demanda de su vida. (5) Asegurarse que al realizar el plan escogido usted estara contribuyendo con la extensión del Reino de Dios.

Desde mi entendimiento de Dios y las verdades bíblicas no hay forma de estar fuera de la Voluntad de Dios si seguimos estos parámetros.  Dios quiere que descubramos cuál es su voluntad para nosotros estudiando la Biblia y usando nuestra capacidad de razonar (Romanos 12:1-2; Efesios 5:17). Dios nos ha confiado vida, talentos, oportunidades y opciones para la acción. Nos provee orientación y se alegra cuando tomamos buenas decisiones. 

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