Relación Pastor e Iglesia Parte I
“Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, más los
obreros pocos”. Mateo 9:37
¿En qué parte de la mies quiere
Dios que yo le sirva? Si la necesidad es tan grande y amplia ¿Cómo sabré donde ubicarme?
¿Acaso prefiere Dios que yo le sirva en una iglesia más que en otra?
Siempre he
querido escribir sobre este tema tan complejo, digo complejo ya que yo mismo en mi larga vida
cristiana he escuchado múltiples posiciones al respecto. Desde adolescente me inquieto entender porque
los pastores dejan una iglesia y van a otra, y en la mayoría de los casos la respuesta que
recibí fue “Porque Dios le llamo a otra
parte”. Es importante resaltar que casi siempre esa otra parte incluía mejores oportunidades y crecimiento.
Confieso que esas palabras sirvieron
por algunos años para calmar mis angustias, pero luego algo no me cuadraba. Quizás
a usted le parece que decir que el tema me causaba angustias es exagerado, pero
realmente era así, mi padre es pastor y ha estado en la misma iglesia desde
hace más de 26 años y en más de una ocasión yo anhelaba que el recibiera el “llamado
de Dios” a otra parte, pero nunca
llego. Yo quería algo mejor para mi vida y mi familia. La relación de mi papá con la
iglesia que pastorea todavía, me reflejaba un nivel de compromiso, sinergia y
acoplamiento que las preguntas brincaban a mi mente. ¿Será que Dios tiene preso a mi papá en esta iglesia? Si Dios es quien pone a
cada pastor en cada iglesia local o congregación ¿porque hay tantas iglesias
sin pastor? ¿Será que Dios no está haciendo su trabajo? O peor aún ¿Por qué
Dios les quitaba su pastor a una congregación y se los mandaba a otra? ¿Tiene
Dios preferidos, iglesias a las que quiere ayudar y otras a las que les desea
la falta de su líder? ¿Qué mal hizo mi padre para tener que soportar tantas cosas en su contra sin poder salir de allí?
La Biblia
enseña claramente que Dios estableció la iglesia como su cuerpo, Efesios
1:22-23 dice, “Y sometió todas las cosas
bajo Sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual
es Su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.” Así mismo dice que estableció a los pastores en cada iglesia “a fin de capacitar a los santos para la obra
del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” Efesios 4:12,
entonces la falta de pastores o la alta tasa de movilización de los mismos no
puede depender de Dios, algo ocurre a nivel humano que durante años se ha ocultado con la súper espiritual frase: “Me voy
por la voluntad de Dios” o “Dios me
ha llamado a otra parte”. Todo fue
más confuso para cuando recibí el llamado de Dios para servirle como pastor,
luego de aceptar el reto divino me senté a esperar la tan anhelada epifanía* con
la cual Dios me diría a que iglesia o congregación debería ir, el resultado es
que hasta el sol de hoy 19 años después sigo sin recibirla. Por favor, no me malinterpreten, ya estoy
cerca de llegar a 20 años de ministerio pastoral, lo que refiero es que desde
el primer día observe que escoger una iglesia para servir y el ser escogido
como líder espiritual o pastor era un asunto mucho más administrativo de lo que imagine.
Desde mis días
de seminarista mi primer reto al llegar a la casa de estudio teológico fue “conseguir” una
iglesia que me apoyara mientras estudiaba y me permitiera servir en medio de
ella para iniciar mi aprendizaje práctico y relacionarlo con lo aprendido en
las aulas con los teólogos. Se habrán
fijado que resalte la palabra “conseguir”, y es que esa fue la
expresión que desato mi asombro, no tenía sólo que orar, era necesario ir a las
iglesias, examinar detalles como distancia geográfica, posibilidades de
servicio, horas exigidas de trabajo, afinidad con los líderes de la
congregación, contrastar mis necesidades económicas con los recursos de ellos, entre otros; para luego “Escoger” la opción más idónea. Forme parte de procesos de negociación, de
oferta y demanda ministerial durante mis años de seminarista y también fui testigo al observar la vida de mis compañeros de que eso era lo normal. Fue la primera vez que me di cuenta que
detrás de la tan nombrada “Voluntad de Dios”, había un proceso creado por el
mismo Señor donde el razonamiento, la comprensión, las relaciones personales,
el compromiso, las visiones y objetivos compartidos unían a los pastores con
las iglesias.
Confieso que
primero me sentí culpable, poco espiritual y hasta llegue a pensar que era todo un
carnal al creer que lo que me movía a decidir donde servir no era la epifanía
de mis sueños mozos. Es que en mi país Venezuela se tenía, y quizás aún existe,
una mala concepción del trabajo pastoral, ya que cuando llego el evangelio los
misioneros foráneos eran sostenidos económicamente por sus agencias misioneras
internacionales y las iglesias tenían ninguna
o poca responsabilidad con ellos, más bien eran estos misioneros quienes
proveían los bienes y recursos en muchas de las obras nuevas e iglesias. Eso fue bueno mientras duro, pero al salir
los misioneros de las iglesias formadas para ir a abrir nuevas obras, las
iglesias en su mayoría no tenían la costumbre de sostener a sus pastores
locales y peor aún ahora eran estos quienes debían educar sobre eso a las
congregaciones. Por eso muchas iglesias veían a sus pastores como meros
empleados y concebían que el llamado de Dios como si fuera un llamado casi al
martirio, al hambre y al excesivo trabajo, cualquier pastor que hablara de su
sustento o exigiera mejoras era casi un hereje, el buen pastor nunca se quejaba,
la humildad era medida por la conformidad con la pobreza. No se podían tener sueños de superación o
anhelar algo más. Creo que por eso cuando se buscaba alguna mejora familiar la única respuesta públicamente aceptada para salir de una iglesia era culpar a Dios. "Dios me llama a otra parte".
*Epifanía: Es una manifestación sobrenatural de la Divinidad.
Pastor pienso que esta expresando una inquietud que tenemos muchos con respecto a este tema
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