lunes, 4 de mayo de 2015

¿ES CORRECTO QUE UN CRISTIANO SE HAGA UN TATUAJE?
Para responder a esta pregunta, necesitamos ver lo que la Biblia dice acerca de esto.
Levítico 19:27-30: “27No haréis tonsura [rapar, pelar] en vuestras cabezas, ni dañareis la punta de vuestra barba. 28Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna. Yo Dios. 29No contaminarás a tu hija haciéndola fornicar, para que no se prostituya la tierra y se llene de maldad. 30Mis días de reposo guardaréis, y mi santuario tendréis en reverencia. Yo Dios.”

En estos  versículos se nos prohíbe que hagamos cuatro tipos de "cortes":
  1. Corte de pelo de la cabeza.
  2. Corte de pelo de la cara o barba.
  3. Corte en el cuerpo.
  4. Inscripción de signo alguno en el cuerpo, lo cual implicaba un tipo de “Corte en la piel”.

¿Qué es lo que prohíben expresamente estos cuatro mandamientos? Para entender estos cuatro mandamientos debemos considerar el significado de las palabras en su contexto inmediato así como en el más amplio contexto del Antiguo Testamento, y en el del mundo antiguo en el que la Ley fue dada.

Como puede ver, tatuarse se menciona en el contexto de prácticas paganas antiguas. El contexto en Levítico también les dice a los Israelitas no raparse o pelarse la corona de la cabeza ni dañarse la punta de la barba. Aparentemente, esta era la costumbre de los Egipcios y el pueblo de Dios fue llamado para estar separados de ellos. Pero, ¿por qué ese detalle acerca del cabello? Dios estaba preocupado acerca de las creencias supersticiosas de los Egipcios, los cuales se afeitaban la cabeza y la barba por un trasfondo religioso debido a su paganismo. Si éste fuera el caso, entonces, el pueblo de Dios ciertamente estaba llamado a estar separado de las falsas religiones de sus pueblos vecinos y por ende, de sus supersticiones. (Nota del Traductor: De acuerdo al Comentario Bíblico Moody del Antiguo Testamento, 1993, página 108 y con relación al versículo 27, la tonsura era una antigua costumbre religiosa Árabe. Tal prohibición de esta costumbre era necesaria si se debía distinguir entre los Judíos y los paganos.)

"Cortar en redondo el borde de tu cabeza" significa cortar el pelo alrededor de los lados de la cabeza. Muchos exégetas asocian esto con el "corte de cuenco pagano”. Un corte de cuenco era un antiguo corte de pelo con significado pagano que se realizaba poniendo un cuenco redondo sobre la cabeza y cortando todo el pelo que quedaba expuesto al exterior. Sin embargo, cuando la prohibición de cortarse el pelo se repite en Deuteronomio 14:1-2 leemos: "... no os haréis incisiones ni os raparéis calvicie entre los ojos a causa de un muerto". Puesto que la mayor parte de la gente no tiene pelo digno de mención "entre los ojos", esta frase es normalmente entendida con el significado de pelo en la frente, sobre los ojos. Teniendo esto presente, aprendemos dos cosas de Deuteronomio 14. En primer lugar, vemos que la prohibición no necesariamente se refiere a un corte de pelo estilo cuenco, sino a hacer alguna calva próxima al borde de la cabeza. En segundo lugar, vemos que la prohibición está específicamente referida a un contexto fúnebre. Es decir, lo que está prohibido es hacer una calvicie (tonsura) en la cabeza como un acto de luto "por una muerte". En tiempos antiguos, cuando alguien se moría sus parientes vivos estaban tan afligidos que se cortaban la piel hasta sangrar y afeitaban calvas en sus cabezas.

Aunque, al lector moderno cortarse el pelo pueda parecerle un acto extraño de luto, ésta era una práctica común en el mundo antiguo. De hecho, incluso la Ley permite a los no Israelitas realizar esta despreciable practica fúnebre en ciertos contextos. Esto es lo que leemos con respecto a la mujer Gentil cautiva: "Ella se rapará la cabeza... se quedará en tu casa llorando por su padre y por su madre un mes entero" (Deuteronomio 21:12-14). Como un acto de misericordia, la Ley permite a las mujeres irreligiosas afeitar su cabeza mientras se lamentan por la reciente muerte de su padre y su madre (cf. Deuteronomio 20:13-14). Ésta práctica de hacerse calvicies en la cabeza también la mencionan los profetas. Así leemos "Cambiaré vuestras fiestas en lloro y todos vuestros cantares en lamentaciones; haré que toda cintura vista harpillera y que se rape toda cabeza (hagan calvicies). Y volveré la tierra como en llanto por el hijo único, y su final será como día amargo". (Amos 8:10) Del mismo modo leemos: "Hazte calvez, y ráete la cabeza, por los hijos de tu deleite. Ensancha tu calvez como el buitre, porque se te han ido en cautiverio". (Miqueas 1:16).

Éstos son sólo dos de los muchos versículos relacionados con la práctica, en tiempos antiguos, de hacerse calvicies como acto de luto junto con los lamentos, rasgarse la ropa y vestirse de harpillera. Así cuando se nos prohíbe en Lev 19 y Deuteronomio  14 "no os haréis incisiones ni os raparéis a causa de un muerto" el significado es que no podemos rasurar nuestra cabeza ni ninguna otra parte de nuestro cuerpo como acto de luto o tristeza. No hay nada en el mandamiento de Lev 19 que implique que debamos dejar crecer los bordes del pelo o patillas. La única cosa prohibida en Lev 19:27 es afeitarse la cabeza como un acto de luto. El que uno se afeite la cabeza por razones estilísticas no supondría prohibición alguna en absoluto.

Por tanto hemos visto que al Israelita se le prohíbe hacer cortes en su carne y rasurar parte de su cabeza como actos de luto "por un muerto". En Levíticos 21 vemos una prohibición similar que se aplica específicamente a los descendientes de Aarón. En Levíticos 21 a los Kohanim se les prohíbe volverse ritualmente impuros por un muerto a excepción de sus parientes cercanos. Después de mencionar la lista de parientes por los que un Kohen puede volverse impuro leemos:

"No se contaminará como cualquier hombre de su pueblo, haciéndose impuro. No harán tonsura en su cabeza, ni raerán la punta de su barba, ni en su carne harán incisiones". (Levíticos 21:4-5)

El contexto del pasaje está explícitamente referido a lo relacionado con un muerto. En este caso, a los Kohanim se les prohíbe varias prácticas del luto. No sólo se le prohíbe que entren en contacto con los cuerpos muertos de sus amigos difuntos, sino que también se les prohíbe que se contaminen haciéndose calvas en sus cabezas, así como que afeiten sus barbas, y corten su piel. Vemos aquí que tres de las prohibiciones de Lev 19 y Deuteronomio 14 se repiten en Levíticos 21. En los tres pasajes los contextos implícitos y explícitos son de prácticas fúnebres.

Todas las personas de la antigüedad sabían que uno se corte la piel o se afeite la cabeza es un acto de luto y son estos actos de lamento los que están prohibidos en Levítico 19. Aunque las connotaciones de luto en los actos de cortarse la carne y afeitarse no pueden ser obvios para lector moderno, hemos visto que la propia Ley así como los profetas posteriores los consideran como actos característicos de luto junto con el llorar y el vestirse de harpillera. Hay que hacer notar que el Nazareo hace un voto de no afeitar su cabeza (Números 6:5). Al final del periodo de abstención, el Nazareo afeita toda su cabeza, tal nosotros leemos: "... el día que se cumpla el tiempo de su Nazareato vendrá a la puerta del Tabernáculo de reunión... Entonces el nazareo se afeitará su cabeza consagrada a la puerta del Tabernáculo de reunión, tomará los cabellos de su cabeza consagrada y los pondrá sobre el fuego que está debajo de la ofrenda de paz" (Números 6:13).

La razón por la que al Nazareo se le permite afeitar toda su cabeza es porque que él no está haciéndolo como un acto de luto. Del mismo modo leemos en 2Samuel 14:26 que todos los años Absalom, el hijo de Rey David, dejaba crecer su pelo y después afeitaba su cabeza. De nuevo, éste no era un acto de luto y en consecuencia le estaba permitido afeitarse la cabeza. ¿Dado que destruir / afeitar la barba es mencionado en el contexto de los ritos de luto prohibidos en Levíticos 19 y 21, debemos preguntarnos si también afeitarse la barba era un rito del luto prohibido? En otras palabras, ¿la prohibición de afeitarse la barba es una prohibición general para todas las ocasiones o está exclusivamente prohibido como acto de luto o tristeza?

Quizás la primera pista con respecto al afeitado de la barba de uno es la purificación ritual del "leproso". Leemos en Levíticos 14:9: "Al séptimo día se afeitará todo el pelo de su cabeza, la barba, las cejas de sus ojos, o sea, todo su pelo; lavará sus vestidos y bañará su cuerpo en agua, y quedará limpio". Vemos que en ciertos contextos a una persona se le exige afeitarse la barba e incluso que es un acto de purificación. Del mismo modo, leemos sobre la consagración de los Levitas: "Así harás para purificarlos: Rocía sobre ellos el agua de la expiación y haz pasar la navaja por todo su cuerpo; ellos lavarán sus vestidos y así quedarán purificados". (Números 8:7). De nuevo vemos que el afeitarse la barba e incluso todo el pelo no sólo está permitido sino que puede ser un acto de purificación. ¡Por el contrario, la prohibición de Levíticos 19 recae sobre afeitarse la cabeza o la barba como actos de luto!

Que afeitarse la barba era un acto de luto en tiempos antiguos resulta evidente a partir de muchos pasajes Bíblicos. Por ejemplo, en el Libro de Jeremías leemos sobre un grupo de peregrinos que lamentaban la destrucción del Templo: "Llegaron unos hombres de Siquem, de Silo y de Samaria. Eran ochenta hombres, con la barba rapada, las ropas rasgadas y llenos de rasguños, que en sus manos traían ofrendas e incienso para llevar a la casa de Dios". (Jeremías 41:5). Vemos que estos peregrinos se estaban lamentando y en consecuencia rasgaron su ropa, se cortaron la piel, y afeitaron sus barbas. Por tanto resulta claro que el afeitarse la barba junto con el rasgado de las vestiduras y cortarse la piel son también actos de luto.

El hecho de que el afeitarse era un acto de luto puede verter nueva luz en un pasaje bastante oscuro que hasta ahora ha demandado una explicación. En 2Samuel 9:1-4 leemos que David envió emisarios al rey de Hanun de Amon para consolarlo por la muerte de su padre. Por alguna razón Hanun llegó al convencimiento de que los emisarios de David no habían venido a consolarlo sino para espiar el territorio. En un extraño acto de retribución él decidió cortar la mitad de sus barbas y enviarlos humillados de vuelta a Israel. Leemos de este modo:

"(2) Y envió David a sus siervos para que lo consolaran por su padre. Pero cuando los siervos de David llegaron a la tierra de los hijos de Amón, los príncipes de los hijos de Amón dijeron a Hanún, su señor: "¿Crees acaso que por honrar a tu padre, David te ha enviado mensajeros a que te consuelen? ¿No te ha enviado David sus siervos para reconocer la ciudad, inspeccionarla y destruirla?'. Entonces Hanún tomó a los siervos de David, les rapó la mitad de la barba, les cortó los vestidos por la mitad hasta las nalgas, y los despidió."

Hasta ahora siempre había parecido extraño que Hanun y sus consejeros sospecharan de los emisarios de David de ser espías sin aparente justificación. Incluso más extraña aún resultaba su reacción, que tras descubrir espías les cortara la barba. Teniendo en cuenta que los pueblos antiguos afeitaban sus barbas como señal de duelo "por el muerto", resulta claro por qué los consejeros de Hanun dudaron que los emisarios de David vinieran a darle sus condolencias. Probablemente Hanun y sus camaradas se sentaban en la corte real con las ropas rasgadas, la piel cortada y las barbas afeitadas. Cuando los hombres de David llegaron con sus barbas sin afeitar, los consejeros de Hanun supusieron que no habían venido a lamentar al rey muerto sino a espiar el territorio. Ya que si ellos realmente habían venido a dar sus condolencias al rey ellos llevarían sus barbas afeitadas, por tanto, para enseñarles respeto por el muerto y humillarlos al mismo tiempo, Hanun dio orden de que les cortaran la barba por la mitad!

En conclusión, Levíticos 19:27-28, Levíticos 21:4-5, Deuteronomio 14:1-2 prohíben 4 actos diferentes de luto. Estos son:
1.        Recortarse una calva en la cabeza.
2.       Afeitarse la barba.
3.       Cortarse la piel.
4.      Escribir en la piel.

La inscripción de tatuajes como acto de luto es el punto más vago de la lista. Sólo se menciona una vez en Levíticos 19:28 y no vuelve a ser mencionado en toda la Ley, ni el resto de la Biblia. Pero tal clase de prácticas religiosas que requerían un tatuaje, cortarse/rasguñarse la propia piel, y/o cortarse el cabello de la cabeza y el de la barba no están hoy día presentes en nuestra cultura Occidental. Por lo tanto, la advertencia contra los tatuajes basados en la norma cultural, no pueden aplicarse hoy día.

Si debemos concluir automáticamente que tatuarse es malo, entonces, también debemos concluir que afeitarse el cabello en la corona de la cabeza y afeitarse los bordes en la barba del hombre, y comer carne medio cruda son igualmente malos. Pero debido a que cortarse la coronilla y afeitarse la barba no es en sí pecado, ¿cómo podemos concluir automáticamente que tatuarse es de igual forma pecaminoso? La verdad es que nosotros no podemos llegar a esa conclusión.

El Cristiano deberá considerar seriamente las ramificaciones de una marca de por vida en su piel; la cual, con mucha frecuencia se convierte en un estigma social y laboral. El Cristiano tendrá que preguntarse si es o no un buen testimonio y esto, es algo que un Cristiano deberá decidir consigo mismo y con el Espíritu Santo.

Debemos tener mucho cuidado al hablar de este tema, ya que si las opiniones personales o emociones reemplazan las enseñanzas Escriturales con relación a nuestra libertad en Cristo, y el resultado son la división y la ira, entonces, aquellos que están creando división y juzgan ligeramente a otros son los que están en pecado.


lunes, 27 de abril de 2015

¿CÓMO MEJORAR TU ORATORIA?
El objetivo de la oratoria suele ser persuadir (a diferencia de la didáctica que busca enseñar y transmitir conocimientos) y de la poética (intenta deleitar a través de la estética). La oratoria está ligada a transmitir nuestros discursos con eficacia.  
El gran enemigo del orador es el miedo al público que paraliza la lengua, seca la boca y la garganta y produce transpiración, movimientos torpes, traba la voz y nubla la mente. El origen suele estar en la falta de confianza y seguridad personal o de preparación académica. Así que los objetivos principales se basan en trabajar la forma (expresión corporal, modulación, entonación) y el fondo (conocer sobre lo que se habla) para mitigar los nervios.

Cuando un orador tiene que transmitir un discurso, su cerebro juega un papel importante en su motivación personal. Una actitud mental positiva hará que el orador exponga su tema con convicción y superará su miedo y su timidez. Sin embargo existen varias técnicas que ayudarán a pulir (o incluso crear) una buena oratoria.

1. La voz. Una buena voz facilita la labor del orador y debe reunir los requisitos de calidad, alcance, intensidad, claridad, pureza, resistencia y flexibilidad. Algunos de ellos son innatos pero otros se pueden adquirir a través de la práctica.

Recomendaciones para cuidar la voz

Para mantener una buena voz, es recomendable no fumar, no abusar de bebidas alcohólicas, evitar los líquidos muy calientes o muy fríos, no gritar, realizar ejercicios de inspiración y expiración, ejercitar el diafragma con una correcta respiración abdominal, ejercitar los músculos cercanos a la boca, realizar ejercicios de articulación y vocalización u ejercitar la voz mediante el canto o lecturas a viva voz.

 2. La respiración
Para la oratoria, una respiración diafragmática es la más aconsejada, ya que permite inspirar más aire y utilizar el diafragma al momento de hablar. Este tipo de respiración permite hablar con claridad y facilidad, sin peligro de quedar afónico.

3. La articulación
Esfuérzate en practicar la pronunciación clara y distinta de las palabras. La mala pronunciación de consonantes o vocales, o una pronunciación a medias, dan como resultado una mala expresión oral.
Te propongo que realices el siguiente ejercicio al menos 3 veces por semana, el hacerlo a consciencia te llevará a mejorar tu pronunciación y en consecuencia tus mensajes al hablar en público serán claros y precisos.
  • Toma un texto y léelo en voz alta.
  • Grábate ya sea en audio o en video, leyendo el texto
  • Escúchalo y toma nota de los puntos en donde percibas que tu pronunciación no es la correcta.
4.- La impostación de la voz
Impostar la voz significa fijar la voz en las cuerdas vocales para emitir el sonido sin vacilación ni temblor. Es hablar sin esfuerzo y con naturalidad. La impostación de la voz suele estar a cargo de médicos foniatras, profesores de canto y otros especialistas.

5. La velocidad
Se trata de la rapidez del discurso que puede variar dependiendo de las ideas expresadas. Es recomendable que al dirigirse a un público numeroso la velocidad sea menor que si nos dirigimos a un público pequeño; lo mismo aplica al exponer razonamientos difíciles, debe ser lenta, mientras que las ideas sencillas se pueden transmitir con mayor rapidez.

6.- Las pausas y silencios
Las pausas corresponden a los signos de puntuación en los discursos leídos y se aprovechan para tomar aire. Al hablar, no deben ser largas, pueden utilizarse para separar grupos de ideas de un párrafo, para anticipar frases o ideas que deseamos destacar y para meditar lo que se va a decir a continuación.

7.- El uso adecuado de las manos
Tus manos se pueden aprovechar muy bien para complementar tus palabras y dar mayor fuerza a tu conversación. No las utilices inútilmente y mucho menos para hacer cualquier cosa que distraiga a la otra persona. Tampoco las uses violentamente. Pero tampoco hables o escuches con las manos metidas dentro de los bolsillos porque eso denota indiferencia y mala educación.

8.- Control de las expresiones del rostro
¡Sonríe! Intercalar sonrisas cálidas y francas en la conversación transmite confianza, alegría y buena disposición. Sin embargo, no exageres. Sonreír demasiado frecuentemente puede convertir el gesto en una especie de mueca y dar la impresión de que es algo hueco, vacío y fingido. Apretar exageradamente los labios puede delatar que tienes dudas o desconfianza acerca de lo que el otro está diciendo o sugerir que no estás expresando realmente lo que piensas o sientes.


jueves, 26 de febrero de 2015

¿COMO DEFINES TU IDENTIDAD COMO PERSONA?


Tú no estás definido por tus sentimientos. Tú no estás definido por las opiniones de los demás o por tus circunstancias. Tú no estás definido por tus éxitos o fracasos. Tú no estás definido por el auto que conduces, el dinero que ganas, o la casa que dices que posees cuando en verdad el dueño es el banco.

Tú estás definido por Dios y sólo Dios. Él te identifica como propio. (2 Corintios 1:22)
La cosa es, si tú no sabes quién eres, entonces eres vulnerable a lo que otras personas dicen que eres. Pero en concreto, lo sólido, la verdad en el evangelio es que tú eres quien Dios dice que eres, y nadie más tiene un voto en el asunto.

Este “problema de identidad” es una parte importante de vivir la vida abundante. Jesús fue capaz de hacer frente a las demandas increíbles de su misión, porque Él sabía exactamente quién era. Él sabía que le importaba a Dios, y eso le dio confianza para seguir el propósito de la fe.
Ahora tú estás identificado con Cristo, y tienes el poder del Espíritu Santo dentro de ti. Eres un hijo precioso de Dios, y Él te ha creado de una manera que a Él le agrada.

¿Con quién debemos identificarnos?

El ser humano ha perdido su identidad, y para sentirse bien imita a otros. Quiere crear en su mente lo que le gustaría ser porque no sabe quién es. Como no conoce cuál es el propósito para el que fue creado, ni cuál es el destino glorioso a que tendría derecho si reconoce a Jesucristo como su Señor y Salvador, vive siguiendo modelos equivocados y busca imitar a personajes ricos y famosos, admirados por el mundo. Esto fue parte de lo que Satanás le ofreció a Jesús, y que este rechazó.
Nuestro modelo debe ser Jesucristo: "Él es la imagen del Dios invisible" (Colosenses 1:15). Sólo llegaremos a estar plenos y satisfechos cuando encontremos nuestra verdadera identidad: la identidad de hijos de Dios, miembros de una nación santa, de un pueblo escogido, herederos de las grandezas de Dios, reyes y sacerdotes, que son más que vencedores en Cristo Jesús.
Esta era la identidad del hombre que Dios creó en el principio: Un ser a la imagen y semejanza de Dios mismo; rey y señor de toda la Tierra, así como Dios lo era en el cielo; y que debía llenarla de seres con igual identidad, que pudieran reflejar la gloria de su Padre y Creador. Esta era la identidad con que fuimos creados, y el destino glorioso que estábamos llamados a cumplir.

¿El Fundamento de nuestra identidad?

Estos son los principios bíblicos que establecen nuestra identidad al ser creados:
1. "Hagamos al hombre a nuestra imagen"
2. "Conforme a nuestra semejanza"
3. "Y señoreen en...toda la Tierra"
4. "Llenad la Tierra y sojuzgadla"

1er. Principio - Según el modelo del creador: "A la imagen de Dios".
La imagen tiene que ver con capacidades como la razón, el pensamiento, la personalidad y el intelecto; la capacidad de relacionarse, de ver, escuchar, hablar y comunicarse.
La capacidad creativa, de hacer proyectos, de utilizar la palabra viva y eficaz para hacer todo lo que era bueno.
2do. Principio - Con un Corazón conforme al de Él: "A la semejanza de Dios".
La semejanza tiene que ver con las cualidades morales como el amor, la misericordia, la justicia, la santidad, la verdad y las demás cosas relacionadas con el espíritu.
Entre los dones que se le dieron estaba la libertad de actuar, de decidir por sí mismo, esto es, el libre albedrío de escoger según su voluntad. Esto también era un atributo del Padre.
3er. Principio - Fuimos creados con un propósito: "Señoreen en toda la Tierra".
Dios creó al hombre para que fuera un agente de Su Reino, para gobernar y someter al resto de la creación. Dios nos hizo socios participantes en Su gobierno.
Señorear significa ejercer absoluta autoridad y control sobre algo. El hombre tenía poder para mandar sobre la naturaleza. Era señor de la creación. Éramos valiosos para Dios.
4to. Principio - Fuimos creados con un destino: "Llenen la Tierra y sojúzgenla".
Dios creó al hombre para que llenara la Tierra con otros seres semejantes a el, que debían reproducirse con la misma identidad que Dios le dió a nuestros primeros padres.
Serían a imagen y semejanza de Dios, señorearían sobre toda la Tierra e impondrían su autoridad sobre la naturaleza.
El hombre se pregunta: ¿Quién soy? ¿Por qué soy como soy? ¿A quién me parezco? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? Y mediante estas interrogantes, trata de encontrar su identidad perdida. Pero esto sólo podrá tener respuesta en el mismo que nos dió Su identidad en el principio: EL CREADOR... EL PADRE... DIOS.



lunes, 30 de junio de 2014

BUSCAR LA PAZ Y NO LA GUERRA

"Los tontos fácilmente se enojan; los sabios perdonan la ofensa." Proverbios 12:16

Hoy quiero compartirles algo que aprendí del ministerio "peacemaker" (pacificadores), quienes se dedican a ayudar a las personas enseñándoles como lidiar con los conflictos interpersonales. La manera en que ellos presentan las opciones de acción es para mi muy útil y espero que para ustedes también.

Los conflictos pueden hacer que la vida sea muy incómoda. A menudo nos encuentran con la guardia baja y nos llevan a decir o hacer cosas que luego lamentamos. Cuando alguien nos ofende, podemos reaccionar sin pensar. 

El ministerio peacemaker nos dice que las personas tienen tres tipos de respuestas ante el conflicto:
1.- Respuestas de escape: Cuando se está más interesado en evitar o alejarse de un conflicto que en resolverlo.

A.- Negación: Una forma de escapar del conflicto es hacer de cuenta que un problema no existe.  Estas repuestas traen sólo alivio temporal y normalmente empeoran las cosas (ver 1 Samuel 2:22–25).

B.- Huida: Otra forma de escapar del conflicto es huir. La huida puede ser legítima en circunstancias extremas (ver 1 Samuel 19:9,10), pero en la mayoría de los casos sólo posterga una solución adecuada del problema.

C.- Suicidio: Cuando las personas pierden toda esperanza de resolver un conflicto, pueden buscar escapar de la situación intentando quitarse su propia vida (ver 1 Samuel 31:4). El suicidio nunca es la forma correcta de tratar un conflicto. 

2.- Respuestas de ataque: Cuando se está más interesado en ganar un conflicto que en preservar una relación.

A.- Agresión: Algunas personas tratan de vencer a un oponente usando diversas formas de fuerza o intimidación, como ataques verbales (incluyendo el chisme o la calumnia), violencia física o esfuerzos para dañar a una persona financieramente o profesionalmente (ver Hechos 6:8–15). Esta conducta siempre empeora los conflictos.

B.-Litigio: Si bien algunos conflictos pueden ser llevados legítimamente ante un juez civil (ver Hechos 24:1–26:32; Romanos 13:1–5), las demandas generalmente dañan las relaciones, reducen nuestro testimonio cristiano y a menudo no logran una justicia completa. (1 Corintios 6:1–8; Mateo 5:25,26).

C.- Asesinato: En casos extremos, las personas pueden estar tan desesperadas por ganar una disputa que intentarán matar a quienes se les oponen (ver Hechos 7:54–58). Si bien la mayoría de las personas difícilmente lleguen a matar a alguien, nunca debemos olvidar que podemos ser culpables de asesinato a los ojos de Dios cuando albergamos ira o desprecio en nuestro corazón hacia otros (ver 1 Juan 3:15; Mateo 5:21,22).

3.- Respuestas de paz: Hay tres formas bíblicas de resolver los conflictos personalmente y privadamente, sólo entre usted y la otra parte.

A.- Pasar por alto una ofensa: Muchas disputas son tan insignificantes que deben ser resueltas pasando por alto silenciosamente una ofensa. (Proverbios 19:11). Pasar por alto una ofensa es una forma de perdón e involucra una decisión deliberada de no hablar de ella, pensar en ella o dejar que se transforme en amargura o ira contenidas.

B.- Reconciliación : Si una ofensa es demasiado seria como para pasarla por alto o ha dañado nuestra relación, tenemos que resolver temas personales o relacionales a través de la confesión, la corrección amorosa y el perdón. (Colosenses 3:13).

C.- Negociación: Aun cuando resolvamos exitosamente temas vinculados a la relación entre las partes, tal vez necesitemos todavía solucionar temas materiales relacionados con dinero, propiedad u otros derechos. Esto debería hacerse a través de un proceso de negociación cooperativa en el que usted y la otra persona buscan llegar a un acuerdo que satisfaga las necesidades legítimas de cada lado.  (Filipenses 2:4).

Amados, mi deseo es que Dios nos ayude a ser pacificadores en un mundo donde el conflicto es parte de nuestra vida.





martes, 3 de junio de 2014

OJO POR OJO

"Si son muy duros para juzgar a otras personas, Dios será igualmente duro con ustedes. Él los tratará como ustedes traten a los demás." Mateo 7:2

Juzgar es: "Deliberar, quien tiene autoridad para ello, acerca de la culpabilidad de alguno, o de la razón que le asiste en un asunto, y sentenciar su condena."
 
Muchas veces nos resulta bien fácil criticar y juzgar a los demás sin ponernos a pensar que con esto ofendemos a Dios, pues Él nos ha mandado a que no juzguemos a nadie. Lo peor es que lo hacemos sin darnos cuenta que muchas veces nosotros estamos actuando peor que a quienes juzgamos.

Una razón básica para no juzgar a los demás es porque somos tan pecadores, tan malos y tan dignos de condenación como ellos. Es como si juzgar a otros fuera dos veces malo. En primer lugar, porque juzgar a otros es tomar atribuciones divinas. En segundo, porque hacemos exactamente lo mismo nosotros. Y esto es literalmente así. 

Hay una ley de la psicología que menciona el Dr. Arthur R. Bietz en una serie de artículos titulada "Abordemos la vida de forma integral." Esa ley dice que solo notamos en los demás las faltas que nosotros mismos tenemos. Los que nos parecen intachables cometen otras faltas, tienen otros vicios y son culpables de otros pecados diferentes de los nuestros. Los que nos parecen odiosos por sus defectos lo son, sencillamente, porque tienen los mismos defectos que nosotros. Si no fuera así, no habríamos notado sus faltas.

El cristiano humilde sabe perfectamente cuan limitados son su juicio, su conocimiento, su capacidad y su visión. Solo puede ver un aspecto mínimo de las razones, motivos, y actos de su hermano. No puede tener todo el conocimiento que se debe tener para pronunciar un juicio justo, porque eso solo Dios puede tenerlo. Por eso, el cristiano es humilde y nunca juzgará a nadie.

"Pero tú, Dios todopoderoso, eres un juez justo; tú conoces todo lo que sentimos y todo lo que pensamos..." Jeremías 11:20

Amados, Jesús no prohíbe la exhortación con amor, la corrección humilde que puede ayudar al pecador a evitar el error, más bien Dios quiere que seamos luz en este mundo. Lo que Jesús reprocha  es el juicio sin misericordia y sin amor. El Señor reprueba el espíritu de censura, el juicio que sentencia y destruye en vez de animar a cambiar. No somo nosotros quienes tenemos la autoridad para condenar a nadie, asi que dejemos eso a Dios y dediquémonos a extender su Reino en amor.




lunes, 26 de mayo de 2014

DECISIONES

"La gente que no es confiable ni capaz de tomar buenas decisiones no recibirá nada del Señor." Santiago 1:7-8

La toma de decisiones es el proceso mediante el cual se realiza una elección entre las opciones o formas para resolver diferentes situaciones de la vida en diferentes áreas de acción.

Tomar decisiones es algo que hacemos a diario, algunas son muy sencillas de tomar y otras por los factores que las componen son un tanto mas difíciles, sin embargo cada una de ellas hasta las más pequeñas merecen que les demos la importancia que requieren, no olvides que al tomar todas y cada una de ellas es nuestra vida y nuestro futuro es el que será alterado. Constantemente decidimos, y con eso nos arriesgamos al éxito o al error. Las decisiones en nuestra vida las podemos tomar de diferentes maneras:

 a.- Estilo impulsivo: Por lo general toma las decisiones de modo muy rápido, sin reflexión y sin analizar consecuencias de futuro. Confía en sus instintos.

 b.- Estilo dependiente: Es quien se deja llevar por los demás: amigos, moda, familia, personas de respeto para él, etc., tomando decisiones acorde con las opiniones o deseos de otros, pero no con las propias. No confía en sí mismo.

 c.- Estilo autónomo: Es la persona que no se deja influir por nada ni por nadie en sus decisiones. Confía extremadamente en sus capacidades.

d.- Estilo racional: Es la persona que busca información antes de tomar una decisión, analiza diferentes alternativas, sopesa  pros y contras de éstas y al final toma una decisión asumiendo el riesgo de ésta. Confía en los hechos.

De todos estos estilos, podemos determinar que la combinación del "dependiente" y el "racional" es lo que tiene más probabilidad de hacer que tengamos éxito en nuestras decisiones. Para nosotros como cristianos es necesario consultar a nuestros líderes y otros hermanos, así como razonar mediante la consulta a Dios, a través de su Palabra, la oración y la guía del Espíritu Santo.

Algunos consejos prácticos para tomar decisiones:

1.- Debes estar consciente que cada decisión que tomes tiene una consecuencia.

2.- Puedes pedir consejos, pero debemos escoger bien y  consultar personas que ya hayan superado una circunstancia similar a la tuya, personas que conozcan bien la Palabra de Dios y que sean reconocidos por su reflexión.

3.- Para tomar buenas decisiones es importante tomar una adecuada y completa información. Alguien dijo "un problema bien definido, es un problema medio resuelto."


4.- Ora, ora y ora. Nunca debes dejar de buscar la guía del Espíritu Santo, pídele a otros que oren por tu decisión.

lunes, 19 de mayo de 2014

PACIENCIA

"Ya te he presentado mi queja, y ahora voy a estar muy atento; voy a esperar tu respuesta." Habacuc 2:1
Vivimos en un mundo donde cada día se nos enseña que todo debe ser rápido para agilizar nuestro existir. Todo lo que queremos y deseamos alcanzar es preferible recibirlo para el día de ayer, lo queremos pronto, rápido, ya, ahora, ligero, apresurado de inmediato y al instante. Aprender a esperar es una de las cosas más difíciles para el ser humano.

Lejos de estimular la pasividad, este versículo llama a la decisión activa de descansar confiados en el Señor y en su tiempo perfecto. No es el cese de las actividades, sino la paz de espíritu que nos acompaña durante todo el día. Esperar con paciencia, tranquilidad y confianza. Esta clase de actitud es posible solo para quienes se han sometido a la autoridad de Dios. Si creemos y aceptamos que Él quiere lo mejor para nosotros, y que todo lo hace para nuestro bien, entonces podremos descansar en su derecho de elegir el método y el momento adecuados. Si verdaderamente confiamos en Él, no maniobraremos, no manipularemos, y no nos apresuraremos.

A veces Dios demora la respuesta a una oración hasta que hayas aprendido algo que Él quiera enseñar. A veces espera hasta que se produzcan las condiciones propicias para el resultado que quiere lograr.  Después de habernos sometido al Señor podemos esperar confiadamente en que su voluntad se hará presente. Él sabe exactamente qué hacer y cuándo lograrlo. El Señor tiene el poder de reacomodar cualquier detalle para llevar a cabo su plan. Lo único que tenemos que hacer es creerle, y esperar su intervención.

Esperar en Dios significa verlo a Él, no a nuestro reloj. Dios no usa reloj, pero nos da las cosas cuando es el mejor momento para nosotros, el tiempo más conveniente. Muchas veces arruinamos lo que Dios quiere hacer, o aún nuestras propias vidas, por apresurarnos y tomar decisiones incorrectas movidos por la ansiedad de ese apuro. Él espera que busquemos su presencia más que sus regalos. Disfrutar su compañía es mejor que cualquier dádiva. Si conociéramos lo que Dios conoce, haríamos exactamente lo que Él hace, por eso sólo queda confiar en El. 

La Biblia es nuestro fundamento en los tiempos de espera. Una de las cosas más sabias que usted puede hacer es leer las Sagradas Escrituras todos los días, y pedirle al Señor que le dé pasajes que traigan tranquilidad a su vida. 

Amados, quizás transcurran años hasta que sepas por qué Dios no respondió del modo que esperabas, o cuando se lo pediste, ¡pero el día llegará, y sabrás que Dios actuó acertadamente! 

¡Espera en el Señor!